Viajar a una comunidad indígena a trabajar con estas mujeres es un viaje a la escencia de Colombia. llegar a sus casas de piso de tierra y techos de hoja de palma, de colores tierra, metidas en el medio de verdes paisajes, contrastando con el infinito colorido de sus trajes me causa un enamoramiento inmediato.

Todas estas mujeres que casi siempre están en grupos llegan al lugar de trabajo con sus niños o niñas. Estas ultimas empiezan a observar a sus mamas desde pequeñas como tejen o como cosen, y empiezan a crear sus primeros tejidos cerca de los 10 años.

Mientras trabajamos inesperadamente se puede acercar la mascota de una de ellas que puede ser un gato o una guacamaya enorme azul que se para en la mesa a observarnos trabajar.

Pasar una tarde con ellas es toda una aventura, muchas nisiquiera hablan español sino su dialecto kuna tule, y a veces toca comunicarnos con el lenguaje de las señas las sonrisas y los dibujos.

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